Como todo el mundo sabemos, en el principio de los tiempos estaban Dios, Chuck Norris y Cher. Un día, como tantos otros atrás, decidieron reunirse a hacer un picnic en el extenso campo de nubes de algodón que une sus tres chaletes allá en los confines del universo desconocido. Diós, tan amable ella, se llevó su manta de flores preferida para poder poner la comida, mientras que Cher decidió llevarse los cómodos pufs que inventó para la ocasión. Habían quedado temprano esa mañana, pues amenazaba con crearse una ciclogénesis explosiva a la tarde, pero Chuck se retrasó.
Estaba en su cocina, pensando que hacer para impresionar a sus amigas. Llevaba tiempo preparando comidas para la ocasión, pero nada de lo que hacía le convencía. Había creado los más deliciosos manjares, como la hamburguesa con queso y bacon o el bocadillo de lomo con tomate, pero no estaba satisfecho. Cuando se dio cuenta de que llegaba tarde se enfadó consigo mismo, desatando su rabia contra una barra de pan. Ésta se quedó a cuadros del susto que se llevó y entonces Chuck lo vió. Podía dividir la barra en porciones cuadradas.
Ésto tampoco fue suficiente para él, que en otro ataque de ira decidió pegar al dragón del jardín. Fue un duelo épico, del que otras historias hablarán, en el que las llamas del dragón alcanzaron a las rebanadas de pan cuadradas que estaban admirando el espectáculo. Al ver a las pobres rebanadas semicalcinadas, a Chuck le embargó una enorme pena. Casi había matado a las rebanadas. En un acto de bondad, decidió comerse una rebanada, tenia que acabar con su dolor, pero su leve sabor amargo le hizo pensar y Chuck creó la mermelada de frutas. Le exlicó a la mermelada lo ocurrido y como quería que ésta cubriese el cuerpo de la tostada para hacer que el funeral fuese más ameno. Con toda la amabilidad del mundo, la mermelada fue saliendo del tarro y se fue untando por la tostada. Cuando todo estuvo preparado, Chuck alzó la tostada cubierta de mermelada y al probarla se le llenaron los ojos de lágrimas. Nunca había probado nada así.
Pidió a las rebanadas que no hubiesen sufrido quemaduras que se situasen en fila en la pared. Se giró y le susurró al dragón que acariciase con sus llamas a las rebanadas. Las llamas rozaron el cuerpo desnudo de las rebanadas, haciendo que su miga se endureciese lentamente. Cuando hubo acabado las pidió que se metiesen en la cesta y cogió en volandas al tarro de mermelada. Fue corriendo con sus amigas Dios y Cher a presentarlas lo que había creado.
Cuando llegó a la explanada ya estaban esperándole con cara cabreada, pero cuando le vieron tan feliz, cambiaron su semblante y se imbuyeron de esa felicidad. Les pidió disculpas a las dos, y les explicó lo que acababa de suceder. Los tres se sentaron y Chuck dejó en el centro del mantel la cesta. Pidió a Dios que cogiese una rebanada y a Cher que con su dulce voz pidiese a la mermelada que hiciese su parte. Al probarlo les saltaron lagrimas de los ojos y Chuck se sintió enormemente feliz. Había llegado tarde pero, tras la reacción de sus amigas, mereció la pena. Embriagados por su sabor, los tres decidieron que no debían ser ellos sólos quienes disfrutasen del sabor de lo que en adelante llamaron tostada con mermelada y por ello decidieron crear la vida.
Ésta es una leyenda transmitida de padres a hijos durante las generaciones venideras. En la actualidad, y en honor a la Trinidad, millones de personas a lo largo del mundo celebran cada día este hecho tomándose en el desayuno o en la merienda una generosa tostada, los más puristas, con mermelada.



